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MIS IDEALES

 

En un mundo donde cada vez somos más homogéneamente diferentes es muy fácil seguir unos ideales pero ingentemente difícil  es consolidar concienzudamente unos ideales personales.

La paradoja que entra en juego nos deja en una posición de encrucijada, la sociedad post-milenial basa sus principios en la libertad absoluta de opinión y expresión, pero cómo voy a saber qué es lo que hay que hacer en una generación donde la definición de bien se justifica con la diversidad. Con tanta divulgación de información y valores formar unos ideales propios parece ser una tarea cada vez más ardua y exigente, pero demandada.

Personalmente, mi ejercicio de reflexión sobre mis valores ha sido un acto completativo a lo largo de mi vida, y que según las experiencias que han marcado mi trayectoria he podido llegar a conclusiones e ideales, que a pesar de precipitados, puedo reafirmarme y justificarme en mi yo de hoy.

Ante todo, y extrapolo a mis compañeros de siglo, baso mis metas y objetivos bajo la sombra del realismo. A pesar de vivir en el momento con más oportunidades y comodidades, desde pequeños hemos tenido que vivir las consecuencias de un mundo egocéntrico, irreflexivo y abocado al individualismo, que nos ha dejado una infancia oscurecida por las palabras crisis y decadencia bajo un mensaje de un futuro incierto. Nos hemos formado bajo la premisa de que lo que nos viene es malo, de que probablemente no consigamos lo que queramos y que en vez de preguntarnos ¿Qué vas a hacer cuando cumplas tus sueños? nos amenazan con un sutil pero desalmado ¿Qué vas a hacer cuando no consigas lo que tienes pensado?. Sobre ésto nos hemos formado como personas concienciadas con la verdad, pero con un espíritu de determinación que nos ha consolidado con una ambición de superación.

Nuestro ideal de respeto ha llevado a la pérdida de sentido de la palabra asimilación, entendemos el ser únicos y diversos como parte de nuestra esencia, haciendo de ésto lo normal, y concibiendo la expresión personal, en todo su sentido, como nuestra razón de ser.

Nacimos con la libertad ya adherida a nuestro pensamiento y no queremos tolerar una sociedad donde se emitan juicios de valor por nuestras decisiones íntimas.

Vivimos en una cultura de empatía, donde en muchas ocasiones delegamos la conformidad individual en el bien colectivo, uniéndonos como conjunto y deseando máxime lo mejor para todos, para el planeta y para nuestro futuro.

Somos una generación autodidacta por imposición involuntaria, el cambio constante del mundo ha crecido a la par que nosotros, otorgándonos posibilidades infinitas y remotas nunca antes exploradas, lo que ha hecho que nuestros gustos, aficiones y potencialmente nuestras profesiones, hayan surgido única y exclusivamente para nosotros. Así podemos decir que nos hemos formado con la talante de la creatividad y la innovación, incomprendida por unas generaciones, que nunca mejor dicho, son de otro siglo. 

En términos finales, yo y mis coetáneos, nos vamos a desenvolver en el mundo bajo unos valores matriciales de paz y tolerancia, con un ímpetu de progreso que nos mueve, desde nuestro interior, a querer hacer cambios en el mundo y en la sociedad, la cual se va aventurar en conocer todo lo que, a pesar de las diferencias, fronteras o negativismo, somos y seremos capaces de hacer.

Gonzalo Borrajo, 2º Bachillerato